Salir afuera …

“Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella el mundo y los que en él habitan. Tuyos son los cielos. Tuya también la tierra; El mundo y todo lo que en él hay Tú lo fundaste.” Salmo 24:1, 89:11

Todos tenemos días difíciles. Todos tenemos días donde flaqueamos. Todos tenemos días donde las circunstancias casi nos amenazan lanzarnos al precipicio si no hacemos algo. Todos cuestionamos. Todos desistimos. Todos bajamos la guardia en alguna de las áreas de nuestra vida debido a que todos pasamos por momentos de mentes en blanco.

No sé tú, pero cuando me siento tan abrumada de todo, salgo afuera, y mis ojos se lanzan al cielo. No es un cliché, es simplemente que al ver toda la creación, recuerdo al Creador: DIOS…

Si luego de trazar todas las maravillosas verdades del evangelio, si luego de repasar toda la teología en mi cabeza, mi corazón no vibra … salgo afuera. Salgo afuera y disfruto de la plenitud de la creación. Salgo afuera para concentrarme en lo sobrenatural que hay en que existan los cielos, las nubes, la naturaleza, la suave brisa y el frío latente. Salgo afuera para recordar que Dios es el Supremo Creador, Poderoso e Inescrutable.

Un Creador que no es ausente sino presente. Un Creador que muestra en Su Palabra que es Él quien se acerca a su creación para mostrarle Su Gloria, Su presencia majestuosa de crear lo que a nadie se le hubiese imaginado crear. Un Creador perfecto. Un Creador santo. Un Creador que al ver todo lo que todos pasamos, envió a Su Único Hijo (Él mismo) para que salgamos afuera, corramos a Él, abracemos la Verdad de Cristo, Su Hijo y lo contemplemos, tomemos aire, tomemos fuerzas de flaqueza y admiremos que todo lo que ha creado solo es una minúscula sombra de lo maravilloso que Él es.

Salgo afuera para recordar que en Cristo hay salvación una y otra vez, Su amor no se agota así como no se agota el aire, como no se agotan los mares, así como no se agota el pasto, las flores de crecer y recibir todo lo que necesitan de ÉL, su dueño.

Salgo afuera. Medito. Y entonces clamo a Cristo. Mis circunstancias no son fáciles, pero ¡he sido adoptada por el pintor de esta maravillosa creación! Para ser de Él. Mi corazón solo puede latir y decir en sus adentros: ¡Sálvame! Dame de tu plenitud una vez más, abre mis ojos para ver las riquezas de tu gloria. Muestra mi pobreza y tu riqueza. Y luego envuélveme en un Selah para disfrutarte como me has concedido por tu Gracia por la obra de Cristo en la Cruz.

Salgo afuera y callo. Salgo afuera y observo.

Salgo afuera y soy testigo que TU ERES DIOS. MI DIOS. Selah…

Publicado por

elblogdesusanadecano

Pecadora redimida por Gracia, viviendo para Él, por Él y en Él. Su Palabra es lumbrera y verdad a mi camino mientras espero a mi Redentor.

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